lunes, 19 de marzo de 2012

Sihanoukville y Koh Rong Island.

Nuestro siguiente destino fue Sihanoukville, que aunque no nos hacía mucha gracia venir a este lugar costero, era nuestro punto de partida hacia la isla de Koh Rong. En Sihanoukville nos alojamos en Otress Beach, que aunque turística, no está tan desarrollada como la principal y por tanto nos apetecía más. Nos encontramos una playa bonita, pero llena de hamacas pertenecientes a los bares que están por toda la costa, sin embargo optamos por quedarnos aquí, ya que los alojamientos baratos se encuentran a pie de playa. Lo que pasó fue que nos dimos cuenta que los lugares locales donde acudimos a comer estaban lejos, y no nos apetecía gastarnos hasta 4 veces más lo que normalmente pagamos. Así que nuestra decisión fue hacer noche en esta bonita playa y mudarnos al día siguiente a la principal y por tanto mucho más turística, pero los alojamientos y la comida barata, estaban garantizadas.
 Disfrutando de una garimbita al atardecer en Otress Beach.
 Preparando nuestra cena: Calamares frescos a la barbacoa, mmmm.
 El pobre perro mirando si sobraba algo de calamar pero... me da que no.
Vista desde la habitación en una cabaña encima del restaurante en Otress Beach.
 Playa de Sihanoukville.
Tras este cameo con el desarrollo turístico camboyano, nos metimos en un barco que nos llevaría hasta la isla. Esa isla nos deparaba playas de arena blanca, semidesiertas y aguas cristalinas. Aunque la temperatura del agua, estaba lejos de nuestro ideal, no fue un impedimento para disfrutar de los bellos paisajes que la isla esconde. En la isla nos alojamos al final del pueblo de pescadores (fishing village), un lugar que, aunque no era lo que buscábamos, sí que se ajustaba perfectamente a nuestro presupuesto y estábamos a pie de playa. Para comer, una vez más, lo teníamos al alcance de la mano y a precios más que asequibles para estar donde estábamos. Es una pena que la isla tenga ese aspecto tan delicado y bonito y que los lugareños no lo aprecien y por tanto tengan vertidos de aguas en un lado de la playa, a lo que se suma que tiren basura al suelo. Es lo que menos nos gustó del lugar, aunque no podemos pasar por alto, el ataque furtivo que recibimos de unas pequeñas moscas (moscas de la arena) más que incómodas. En la isla tienes la oportunidad de caminar por entre la selva y llegar a playas en las que sólo estás tú. Y así pasábamos los días, entre playas, sombras de pinos, caminatas, cervezas,.... porque no hay más que hacer. La isla sólo dispone de luz a partir de pasadas las 6 de la tarde y hasta antes de las 11.
 Embarcadero en el puerto de Sihanoukville para ir a Koh Rong.
 Llegando.
Playas de arena blanca nos esperaban.
 ...
 Llegando por la selva a la otra playa más cercana al pueblo.
 Haciendo el bobo con el agua cristalina.
 El pueblo de pescadores.
 Vista desde el restaurante local.
 Fauna de la isla, sin contar los ratones de la habitación y las moscas de la arena.
Al regreso de la isla, pasamos dos noches más en Sihanouville bebiendo cerveza a 50 céntimos de dólar en los chiringuitos de la playa y relajándonos aunque éste no sea nuestro principal objetivo.

Próximo destino Phom Penh. Un abrazo a todos y besitos.

PD: Felicidades papás!!! 

viernes, 16 de marzo de 2012

Camboya: Kep

Salimos de Vietnam en moto y cruzamos la frontera hasta Camboya de la misma manera. El motorista nos lleva el equipaje en sus pies, por tanto el viaje es agradable, y como lo hicimos temprano, el calor aún no era excesivo y lo disfrutamos un montón. La entrada en Camboya tiene su historia, pero como siempre, salimos airosos. El policía de la frontera nos quería cobrar 22$ por el visado (creemos que nos pidió sólo 22, y no 25 como acostumbran, porque somos españoles y debemos de ser bastante agarrados), aunque realmente son 20$, ni un dólar más ni uno menos. Íbamos con la lección bien aprendida así que serios, pero sin tono brusco, le dijimos que nanai, que eran 20 y que eso le íbamos a pagar. Se pone tensa la cosa porque el poli ve peligrar sus 4$ extras, pero como nosotros no dudamos ni un segundo que eso era lo que él iba a recibir por nuestra parte, no le quedó más remedio que aceptarlo y enfadado cerró de un portazo la taquilla por donde nos atienden. Una vez pasado este tramo, llegas a una garita donde está el ministerio de sanidad que te toma la temperatura y te hace un test relativo a si has tenido fiebre en los últimos días o diarrea, y dónde has estado en las últimas semanas, etc. El caso es que sabíamos que por este trámite "gratuito" te piden 1$ que por lo visto la gente paga sin rechistar, con lo que al final del día, el plus que se lleva la persona que trabaja ahí es considerable. Como también sabíamos este paso, le dijimos que no queríamos tomarnos la temperatura, más que nada porque ellos justifican el pago de ese dólar con eso, pero bueno, nos dijo que nos la tenía que tomar y claro, empezaba a parecer que estábamos ocultando alguna enfermedad o algo, y cedimos pero sin ganas. Pero cuando nos devuelven los pasaportes y no nos piden nada, nos pusimos todos contentos porque ya sí que acababa cualquier tipo de soborno y los habíamos superado todos!!!
Cruzando la frontera entre Vietnam y Camboya.

El primer pueblo de Camboya al que llegas si entras por donde entramos nosotros se llama Kep, y no es más que un pueblo de pescadores donde son muy típicos los cangrejos. Éstos están frescos porque los mantienen en el agua hasta el momento de su compra. Los venden en el mercado donde hemos ido todos los días a comer y es ahí donde nos hemos adaptado a Camboya. Como peculiaridad decir que, aunque su moneda es el riel, utilizan tanto los dólares como los rieles. Es decir, que pagas en rieles y te devuelven dólares o viceversa. Incluso puedes pagar mitad y mitad. El dólar tiene valor fijo, que es 4000 rieles, y a partir de ahí, todo es válido.
 Jaulas con los cangrejos frescos esperando ser vendidos.

El ajetreo que se sucede en el mercado en torno a los cangrejos.
La playa, lejos de ser paradisiaca, sirve para relajarte y contemplar la Isla Conejo.

Es un país barato, con gente amable y dispuesta a ayudarte sin pedir nada a cambio, hablan inglés, lo cual es de agradecer pues llevábamos meses sin casi hablar inglés con los locales porque no saben. De hecho, sorprendentemente, en Tailandia no lo hablan mucho, ni en Laos ni Vietnam, así que ya tocaba, que parecía que jugábamos al Party con tanta mímica.

En Kep nos quedamos en el Tree Top Guest House, y es más que recomendable. Por 4$ te hospedas en una cabañita muy básica pero limpia y tranquila. Además, no sabemos si es que llegamos sudando y cansados, pero nos regalaron una botella de agua a cada uno y un plato de fruta fresca,... No me digan que no es un detallazo. Y cuando nos fuimos, esperando la minivan que fuera a recogernos, lo mismo.

Un saludo a todos y hasta la próxima entrada que será pronto.

sábado, 10 de marzo de 2012

Isla Phu Quoc y Ha Tien

Para ir a la isla y coger el barco tienes que llegar, o bien a Rag Gia, o bien a Ha Tien, y nosotros optamos por esta segunda porque la distancia hasta la isla es menor en tiempo y por tanto, también menor en dongs. 1 hora y 45 minutos y ya estábamos en la isla. Al bajarte del barco y recoger la mochila, miles de moto taxis esperan para llevarte a donde sea, aunque nosotros optamos por una furgoneta porque le regateamos al tío lo máximo y era el mismo precio que la moto. Tienes que pasar una pasarela que por ambos lados hay mar y ya desde ahí, vimos el agua transparente y pequeñas medusas. Claro, el agua está calentita y sirve de guardería perfecta. 
 El muelle antes de embarcar y dentro del ferry destino Phu Quoc.
 Al bajarnos del ferry. Primeras imágenes de la isla.

Nos costó localizar un alojamiento que no se saliera de nuestro presupuesto, y eso que pasamos de alojarnos en la playa por esta razón. Fuimos directamente a Duong Dong, el pueblo de la isla y que está a 10 minutos caminando de Long Beach, porque pensábamos que podíamos acceder a los puestos de comida más barata fuera de los resorts. Lo lógico es que aquí, el alojamiento fuera barato también, pero bueno, tras mirar por muchos y tras el regateo de siempre, conseguimos por 200 mil dongs (el dueño nos pedía 350 mil, pero lo miramos y le dijimos "no, 200 mil por noche y 600 mil" por las tres noches, y nos dijo que sí!!!). Es el Sunflower Hotel, regentado por un señor muy simpático que no habla ni papa de inglés, y cada vez que nos veía se partía de la risa. La habitación estaba bastante bien, con todas las comodidades e incluso con nevera para enfriar las garimbas y la fruta que compramos. Desde aquí, ya una vez instalados, queríamos saber exactamente a cuánta distancia estaba el mar. Pensábamos que lejos, pero no!!! Está al lado. Nos encontramos con un atardecer en la playa donde todos los locales acuden para bañarse cuando el sol cae. 
 Puesta de sol desde nuestra habitación.

Quedarte en Duong Dong te da la facilidad de disfrutar de la vida nocturna que el pueblo ofrece. Entendamos por vida nocturna un mercado donde los puestos de restaurantes al aire libre vendiendo todo tipo de pescado y marisco fresco, no falta, acompañado por tenderetes de baratijas y puestos donde le venden a las rusas collares de perlas creemos que más falsas que la nueva reforma laboral.
 Uno de los puestos de marisco en el mercado nocturno.
No nos dejó tranquilos hasta que le sacamos una foto, es muy coqueta.

Los días posteriores disfrutamos de las claras aguas que tiene la isla (menos cuando nos llovió, que el agua se enturbió). 
 El agua cristalina pero un poco caliente para nuestro gusto.

Para irnos de la isla, decidimos contratar a dos moto taxis porque en este caso, era lo más barato y el trayecto es bastante corto, pero no lo suficiente como para hacerlo pateando. Sólo se nos picó una goma en el camino, pero como iban dos motos, dejaron a Migue en el muelle primero, y después me vinieron a buscar a mí. Esto son cosas que deben pasar bastante a menudo, aún los caminos de la isla casi en su totalidad son de tierra, aunque vimos cómo están construyendo una nueva carretera que promete grande. 

Ha Tien

En esta localidad fronteriza con Camboya es donde te deja el ferry y sólo tienes que caminar unos 15 minutos hasta llegar al centro. Esta fue nuestra opción, pero normalmente, la gente contrata o motos o furgonetas para que te vayan a buscar al muelle. Aquí, gracias a un motorista que conocimos al llegar al pueblo, nos alojamos en un hotel barato al lado del mercado, el Phuong Thao, por 150 mil dongs, nuevo y con aire acondicionado. El mejor baño de la historia, con diseño y todo. Este mismo motorista, nos ofreció llevarnos hasta Kep, el primer pueblo al otro lado de la frontera ya en Camboya por 8 $ cada uno, pero le dijimos que por ese precio lo hacían las compañías de guagua, así que nos lo rebajó a 7 (280 mil dongs los dos) y aceptamos. 
 Último almuerzo en Vietnam: arroz con calamares y verdura con su poquito de picante, cómo no.
Así se hace el jugo de caña de azúcar. Con un poco de hielo está riquísimo.

El trayecto y el paso fronterizo, cuanto menos, interesante, pero lo contaremos en la próxima entrada. 
De camino a Camboya. Mamá!!! Subiéndome en todas las motos que de adolescente no me dejaste!

Con esto, nos despedimos de Vietnam, un país que no te deja indiferente. Una pena habernos ido ahora que controlábamos precios y modos de funcionar. El balance ha sido positivo, a pesar de las dificultades que el propio país pone a los extranjeros con presupuesto limitado.